lunes, 14 de mayo de 2018

Robots y empleo público: El futuro ya está aquí

La Robótica ha sido siempre un campo de especial interés para el ser humano porque nos vemos reflejados en un espejo peculiar que imita y aumenta las capacidades que entendíamos hasta ahora como propiedad exclusiva de los descendientes del Homo Sapiens.

Lo que no ha sido tan común, hasta ahora, es que el tema haya transcendido a las Administraciones Públicas y que hayan sido varias ilustres plumas las que hayan abordado el tema, como bien refleja Victor Almonacid en un su artículo "Robots vs. funcionarios"

Lo cierto es que ya en algunas administraciones hemos empezado a experimentar con los denominados "robots software", que facilitan la automatización inteligente de procesos complejos que, hasta ahora, sólo podía hacer una persona especializada con una buena dosis de formación y entrenamiento.

El robot es capaz de interactuar con diferentes sistemas informáticos a través de su interfaz , imitando el acceso a los sistemas con el sistema que identificación del que dispongan, generalmente un nombre de usuario y su contraseña o sistemas con un segundo factor de autenticación, como un código recibido en un móvil. A partir de ahí, es capaz de navegar por las páginas y pantallas de la aplicación y extraer la información pertinente en formato electrónico, de forma que pueden utilizar  los datos en otras aplicaciones diferentes o almacenarlos para su posterior uso. Puede manejar condiciones de excepción y gestionar resultados diferentes en cada una de las fases del proceso, adaptando su comportamiento y tomando decisiones en función de los resultados obtenidos.

Según releo el párrafo anterior, se me ocurre que sustituyendo la palabra "robot" por "empleado" en el párrafo anterior, tendríamos una descripción de capacidades valorables y valoradas  en muchos trabajos, en la esfera pública o en la privada.

Hace ya más de 60 años que el matemático inglés Alan Turing formuló el denominado Test de Turing, una prueba concluyente para determinar si una máquina es capaz de mostrar un comportamiento inteligente. Turing propuso que fuese una persona quien evaluara la inteligencia de la máquina.

Para ello, el evaluador mantendría una conversación con varios participantes por medio de un teclado y una pantalla, de forma que alguno de los intervinientes podría ser en realidad una máquina preparada para conversar de manera similar a la de un ser humano. Si el evaluador no fuese capaz de distinguir entre máquina y persona, esto sería la prueba de que el robot es capaz de demostrar inteligencia similar a la humana.

 Recientemente Google ha demostrado sus capacidades en Inteligencia Artificial por medio de un asistente conversacional (bot) capar de interactuar por teléfono en lenguaje natural con  personas que desconocían estar hablando con un robot.

El asistente no sólo es capaz de realizar una reserva para un restaurante o para una peluquería, sino que demuestra una gran adaptabilidad a las preguntas de los interlocutores y utiliza un lenguaje informal que haría muy difícil diferenciarlo de un ser humano. 



Aunque se trate de una prueba de concepto, el uso conjunto de las capacidades de los robots software y de los bots conversacionales abren un enorme abanico de posibilidades en todos los ámbitos de trabajo, también en la Administración Pública.

La pregunta obligatoria que debemos hacernos es si en el sector público estamos preparandonos adecuadamente para el futuro próximo, si hemos logrado introducir en la agenda de los responsables públicos el impacto que tendrá la inteligencia artificial y otras tecnologías disruptivas en el empleo, en la formación, en el sector productivo y en nuestras Administraciones Públicas.

El futuro ya está ahí, independientemente de lo que hagamos. ¿Nos preparamos?

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