jueves, 30 de octubre de 2014

Cómo construir una administración con futuro y no morir en el intento


Borja Colón de Carvajal 

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El pasado 15 de julio la OCDE adoptó las Recomendaciones para el Desarrollo de Estrategias de Administración Digital en las que claramente apuntaba la dirección que debía seguirse para avanzar un paso más en la total implantación de ésta. Repasando dichas propuestas (en total son doce) me gustaría destacar, por lo menos, las siguientes:

  1. Incluir una mayor transparencia, apertura e inclusión de los procesos y operaciones de la Administración
  2. Arraigar en el sector público una cultura basada en los datos
  3. Establecer un marco de gestión de riesgos para garantizar la seguridad digital y la preservación de la privacidad, así como adoptar medidas de seguridad efectivas
  4. Asegurar el uso coherente de tecnologías digitales en las distintas áreas políticas y en los diferentes niveles de Administración
  5. Disponer de modelos de negocio claros que garanticen la sostenibilidad de las inversiones en la implementación de la Estrategia de Administración Digital
  6. Contratar tecnología de manera innovadora, adecuada al nuevo uso que se hace de ella.
Sin embargo, a mi modo de ver, algo estamos haciendo mal, porque muchas de las Administraciones públicas que han dado pasos de gigante implantando herramientas tecnológicamente muy avanzadas se están dando cuenta ahora de que, en realidad, lo único que han conseguido es trasladar las mesas llenas de expedientes a una nube administrativa en la que, con mayor o menor fortuna, se refleja el trabajo de sus empleados públicos o, dicho de otro modo, avanzar simple y llanamente en la digitalización de caos.

Lo cierto es que algo está fallando porque, primero, muchas de esas Administraciones siguen sin saber exactamente a dónde se dirigen y, segundo, continúan trabajando como lo hacían hace 10, 15, 20 o incluso 30 años atrás. 



Y la pregunta es ¿porqué?, pues muy sencillo, porque han sido capaces de avanzar más y más en el reto de la Administración electrónica pero se han dejado por el camino la construcción de los dos pilares esenciales de cualquier estructura organizativa (ya sea publica o privada) como son, por un lado, una planificación estratégica, detallada, clara y profunda de a dónde vamos, qué pretendemos conseguir y cómo vamos a conseguirlo (en definitiva, misión, visión y valores) y, por el otro, transformar nuestra forma de trabajar dejando a un lado una lógica piramidal y jerárquica y aceptando de una vez por todas una enfocada a una verdadera gestión por procesos.
 

Parecen dos cuestiones éstas accesorias, secundarias, no obstante no es así. No podemos cimentar nuestro crecimiento tecnológico sobre la base de una estrategia desconocida o, peor, inexistente, y a través de una metodología de trabajo que no tiene en cuenta las posibilidades que ofrece la racionalización de las tareas en torno a procesos, como tampoco podemos pretender estar a la última en aplicaciones tecnológicas de transparencia, RISP o Gobierno Abierto si en el fondo no hemos pretendido si quiera entender cuál es la verdadera vocación de estos conceptos.
 

Debemos ser más humildes, vamos mal así. Debemos replantearnos todo este chiringuito tecnológico y echar la vista atrás, recalculando nuestra ruta y reorientando nuestra organización hacia donde realmente tiene que estar, que es en la vanguardia de la tecnología, sí, pero mejor todavía, a la cabeza de la gestión de calidad, la mejora continúa y la excelencia profesional.
 

Es cierto, hay Administraciones públicas absolutamente sorprendentes, y no citaré a ninguna por miedo a no ser lo suficientemente exhaustivo. De ahí que deban ser éstas la punta de lanza de todas las demás, un espejo en el que mirarnos, un modelo al que seguir. Efectivamente, para ellas sí serán útiles las recomendaciones de la OCDE, pero para las demás, ¿no vamos a empezar la casa por el tejado, verdad?

Un saludo a todos y gracias a ti, Andrés

2 comentarios:

Guillermo Yañez Sánchez dijo...

Hola Borja, supongo que en muchas organizaciones pública se necesitaría una brújula que las guiara a buen puerto.

Una brújula es un símbolo de nitidez mental y enfoque en lo que queremos.

Quizá debería ser una brújula como la de Jack Sparrow que no sólo apunte al Norte, sino a la dirección en la que se encuentra lo que más necesita la organización para ir avanzando.

La brújula de Jack sólo señala lo que más desea la persona que la sostiene, así que, quizá habría que conseguir que todos en la organización tengan en su mano esa brújula, vean hacia dónde apunta y que sepan a dónde se dirige el barco.

Borja Colón dijo...

Hola Guillermo, a lo que tú llamas brújula yo lo llamo sentido de la responsabilidad y orientación al ciudadano, na hacen falta demasiados mecanismos para saber a dónde tenemos que ir, simplemente basta con escuchar qué que quieren nuestros "clientes".

Parece sencillo pero desafortunadamente no lo es, por eso tenemos que aprender a escuchar, entender y, fundamentalmente, gestionar sus demandas para que quepan en la razón de ser de nuestras organizaciones.

Un abrazo fuerte y gracias por tu comentario amigo.

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