martes, 24 de junio de 2014

Liderar desde fuera del templo

Hace algunos años leí una historia sobre un militar, el sargento Holems del cuerpo de Marines de los EEUU, quien trabajaba en los años 80 como asistente del Teniente Coronel Parker en el Pentágono.

Holems unía a su carácter extrovertido, una gran capacidad de comunicación y una enorme confianza en sí mismo. El sargento se movía con soltura por los pasillos y despachos del Pentágono, abordando sin reparos a Generales y Coroneles, logrando eficacia y reconocimiento en las labores que acometía.

Años más tarde, el suboficial había realizado una brillante carrera, ingresando en la escala de oficiales y convirtiéndose en uno de los Generales más prometedores. Al preguntarle un periodista sobre cómo se las había apañado en aquellos años un simple sargento para cosechar tantos éxitos sin contar con autoridad ni mando, respondió:

       "¡Sencillo! ¡Por aquel entonces, yo ya era General...aunque aún no tenía los galones!”


Holems demostró una gran capacidad de liderazgo e influencia, pero no sólo en su puesto de trabajo. Aprovechó su don de gentes para participar activamente en la vida pública y contribuir a mejorar la imagen del ejército americano en la sociedad civil.

Salvando las distancias culturales y temporales, en la Administración pública Española tenemos muchos Sargentos Holems. Seguramente la mayoría serán buenos gestores y algunos de ellos, serán buenos líderes en las organizaciones donde presten sus servicios.

Pero el verdadero reto del directivo público va más allá de gestionar bien la unidad que dirige. La globalización, la complejidad relacional de la administración con organizaciones privadas y grupos de interés, la madurez alcanzada por la sociedad Española y otros muchos factores, hacen que la gestión desde dentro de las organizaciones sea sumamente ineficaz .

Pero además, la administración debe ser cercana a los ciudadanos y adaptarse a la sociedad en la que está inserta. Es necesario salir fuera del templo para romper el estereotipo de una Administración Pública que actúa como una caja negra, ineficaz y sin rostro.
En esta tarea de acercar la administración al ciudadano, los directivos públicos juegan un papel fundamental, por capacitación, conocimiento de la Administración e independencia, real y mediática, respecto al Gobierno del momento.

 ¿De qué manera puede un directivo público llegar al ciudadano? 

Aunque puede haber diferentes opciones, las redes sociales pueden constituir un medio natural, eficaz y eficiente de relación entre Administración y la sociedad. Hoy en día, los medios sociales forman parte de la vida diaria de los ciudadanos y los directivos públicospueden ayudar a reducir el gap que separa a la ciudadanía de la administración con su presencia y actividad en las redes sociales.

Pero el espacio digital es también un espacio de encuentro con otros profesionales de la Administración pública con los que compartir experiencias e ideas, un entorno en el que se pondrá a prueba la capacidad inspirar y motivar a aquellos que no están en el círculo de influencia natural.

Al igual que el Sargento Holems, muchos empleados públicos han entendido la importancia de compartir con ciudadanos y con otros empleados públicos su conocimiento, ideas y la pasión que sienten por el servicio público, empleando su tiempo y esfuerzo en pro del bien común.

En las redes sociales encontramos a un empleado público experto en Administración Tributaria que difunde en su blog información precisa sobre esta materia o un grupo de innovadores que elaboran un Manifiesto de funcionarios emprendedores para apoyar la transparencia, la colaboración y la participación como bases para conseguir un sector público de calidad.

Son sólo ejemplos de empleados públicos que han dado el paso de salir del templo y liderar la transformación de lo público también desde fuera de la zona de confort que les ofrecen sus organizaciones.

 Parafraseando a Michael Jordan, famoso jugador de baloncesto:

 Algunas personas quieren que algo ocurra, otras sueñan con que pasará, otras hacen que suceda.


                               ¡Hagamos que ocurra!


Nota: Elaborado originalmente para el blog del Master Universitarios de Liderazgo y Dirección Pública, coordinado por Manuel Muntada

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