miércoles, 8 de mayo de 2013

¿Una nueva ley 11/2007?


Falta poco para que lleguemos al sexto aniversario de la Ley 11/2007 de Acceso electrónico de los ciudadanos a los servicio públicos (LAECSP). Esta ley, impulsada por el entonces Ministro de Administraciones Públicas Jordi Sevilla, ha sido sin duda un gran hito en el avance hacia una Administración Pública más cercana, accesible y moderna.

Dicho esto, es necesario decir que la complacencia es la mayor de las amenazas al progreso. La ley 11/2007 no es más que la materialización en el boletín oficial del Estado de una visión política, y el banderazo de salida de un ambicioso proyecto de varios  años de duro trabajo.

Al aterrizar el sueño político al mundo terrenal es donde se empiezan a encontrar los problemas; Todo este gran cambio, esta enorme transformación de la Administración Pública se ha realizado en un tiempo record por buenos profesionales de la Administración, pero sin las medidas de organización y de apoyo necesarias:

  • Por una parte, no se ha sabido transmitir que este es un proyecto clave de toda la Administración y no sólo de los profesionales de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC).

    Sin una verdadera implicación y colaboración de todos los agentes y estamentos de la Administración el efecto del cambio es limitado.

  • No ha habido un presupuesto claro definido para realizar este proyecto transformador.

    Últimamente los responsables políticos de estos grandes cambios incluso bromean sobre la coletilla que se añade a todo cambio normativo que se precie; "y todo esto se realizará sin incremento presupuestario alguno". ¿Qué empresa privada soportaría estas condiciones?

  • Primero hemos corrido y luego hemos pensado.

    No tiene sentido haber repetido actuaciones  de la misma naturaleza (creación de sedes, registros, notificaciones telemáticas, etc) en cada uno de los departamentos ministeriales. Pero la ley obliga y, una vez publicada y  establecidos los plazos, no había otra que trabajar freneticamente para cumplir los objetivos en forma y tiempo.

    Hubiese sido más razonable crear unas infraestructuras y servicios comunes para homogeneizar los servicios prestados por la Administración Pública y evitar esfuerzos paralelos.

    Curiosamente, ahora nos encontramos haciendo esfuerzos para racionalizar y consolidar infraestructuras comunes, lo que nos podría llevar a rehacer trabajo y desechar inversiones recientes sobre sistemas consolidados que están prestando servicios.
     
  • Una vez alcanzado el plazo de puesta en marcha de los elementos básicos de soporte a la administración electrónica (sede, registros, perfil del contratante, etc) se ha considerado que el objetivo está cumplido, perdiendo gran parte del el impulso necesario para continuar la labor transformadora.

    Y no sólo eso. Tambien es necesario actuar sobre los elementos internos (back-end) de las infraestructuras TIC, que no se adaptaron e integraron adecuadamente porque el objetivo principal era disponer en plazo de los elementos de relación electrónica con los ciudadanos (front-end).

  • No hay una evaluación sincera, objetiva y continua de los logros alcanzados, lo que impide una revisión de algunos aspectos necesarios para garantizar el avance.

    Por ejemplo, España es pionera en el número de ciudadanos con certificado electrónico disponible gracias al DNI electrónico. Es cierto, pero, ¿Se utiliza realmente?. Ya sabemos que no, que es necesario dotar a los ciudadanos de sistemas de identificación y autenticación más amigables y de un uso más sencillo para conseguir el objetivo de  que los servicios electrónicos se utilicen masivamente.

Todo la anterior demuestra que existe un problema de Gobernanza, de Dirección y Gestión en las actuaciones de la Administración Electrónica.

Quede claro que no me refiero a las TIC porque, como decía al principio, este no es un problema de las Tecnologías de la Información, sino de la Administración en su conjunto. Ya no hay distinciones entre Administración tradicional y Administración Electrónica: Ya sólo hay una Administración y es electrónica.

Algunos dirán que es fácil hacer estas reflexiones ahora, a toro pasado. No por ello  deja de ser  cierto. Tampoco hay que caer en el desánimo ni en fatalismos: La ley 11/2007 ha sido una buena iniciativa, un vehículo adecuado para impulsar la Administración en España. Algunas oportunidades se han perdido, pero tambien han sido numerosos los éxitos.

Es curioso que en estos tiempos de cambios la Administración pública se plantee buscar ahorros en la función TIC, cuando es desde el empleo innovador de las Tecnologías de la Información desde donde pueden encontrarse los mecanismos y transformaciones necesarias para dejar atrás la crisis.

Es tiempo ahora de dar un paso más valiente, de recoger las experiencias pasadas y proponer un marco de transformación de la Administración Electrónica , de sus estructuras y de las formas de funcionamiento que habiliten una gestión ágil, moderna, flexible.


¿Estaremos como país a la altura?.

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